Cuando veo a nuestras autoridades participar de tanto escándalo me es inevitable sentir como les pierdo ese respeto que el sistema me obliga tenerles y que desde muy niño enquistaron en mi cerebro. Observo a cada uno de los poderes del estado y me resulta lamentable terminar viendo quienes son nuestras autoridades:
En el Poder Ejecutivo vemos hombres deformados, cual Mesías en campaña y luego todo menos Solución. Si lanzan a la obra sin programas ni criterio, bien sabiendo que los hilos directores se manejan desde afuera. Actualmente se les ve de tropiezo en tropiezo, desenmascarando sus vicios y poco a poco perdiendo la careta y el disfraz.
Cuando los hombres públicos no son principio, no son Nada.
El Congreso, otra lágrima. Gastando tiempo y dinero en discusiones ya discutidas, esperando a fin de mes el gran sueldo más las dietas. Hombres que no creen en sus leyes pero si en el dinero, sin principios ni reparos llevan siempre en la solapa el emblema “Nadie me toque”, pues sabiéndose intangibles sus excesos son tan sólo cuestión de tiempo. Los vemos corriendo siempre de la izquierda a la derecha, liberal a conservador, de anarquista a cualquier cosa, nunca tienen un principio ni nada por qué luchar que no sea el vil metal. Y siempre lo mismo. Cuando cae la lluvia sé que algún día le seguirá el sol, pero que triste saber que después de otro congreso, siempre otro congreso.
¿Y los advenedizos del poder judicial? ¿Cómo llamar a la Corte de Justicia de una manera más justa? Estos individuos, casi siempre corrompibles, no son instrumentos de justicia sino herramientas de poder. El partido los coloca eso siempre tiene un precio que es hacer la vista a un lado cuando se les solicite. Carecen de justicia y así dicen la reparten ¿De qué valen buenas leyes si los jueces son tan malos? Alguna vez un dicho inglés me dijo “El dinero no entra a la cárcel” cuán cierto aquel dicho forastero en nuestras tierras.
Entonces ¿Cómo entender a nuestras autoridades? ¿Qué es lo que está mal? ¿Las autoridades? ¿Nosotros por permitir tanto absurdo? ¿Este orden caótico que permite a casi analfabetos y psicópatas entrenados nos dirijan el quehacer?
¿Debemos exigir un cambio, tal vez sea en el cómo elegir a los gobernantes, buscar una asamblea que realmente represente los intereses de las masas, instruir a nuestro pueblo para que abra los ojos o simplemente dejar pasar el tiempo y esperar que el Salvador aparezca en los próximos comicios?
Gonzáles Prada, las cosas no cambian con los siglos.